Blue Prize fue la bandera de la representación sudamericana en Breeders' Cup.

San Isidro 03 de noviembre de 2018 Por
Los sudamericanos cosecharon resultados de todos los colores. La criada en el Haras Carampangue tuvo un brillante desempeño en el Distaff.
Blue Prize
Blue Prize definiendo el Breeders' Cup Distaff . Foto: Churchill Downs

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LOUISVILLE, Kentucky  Como nunca el turf sudamericano tuvo presencia en la Breeders’ Cup, la serie de carreras más importante del mundo. Hubo resultados para todos los gustos, excelentes, buenos y de los otros, pero en el balance de lo que se vivió este sábado en el mítico Churchill Downs debe prevalecer, sin duda alguna, el orgullo gigante de que nuestra hípica conforma un bloque que, “dando ventajas en el desarrollo” si de dinero se trata (salvo excepciones, claro está) es capaz de contar con el valor agregado para producir campeones de exportación.

Fue inolvidable ver a 7 caballos de los nuestros, nacidos, criados y desarrollados en Sudamérica y por sudamericanos. La atropellada que llevó a Wow Cat a descontar mucho en la recta para ser segunda de la enorme Monomoy Girl (Tapizar); la sacrificada tarea de Blue Prize (Pure Prize), que ilusionó gigante en el derecho del mismo Distaff animándose a ir por todo, aún, con el riesgo de perder alguna posición arriba, como le sucedió al concluir cuarta; la esforzada tarea de Hi Happy (Pure Prize), presionando siempre en el durísimo Breeders’ Cup Turf (G1), dominando al pisar el derecho y, negado con la cancha blanda, cansándose en el derecho. Todo fue valioso.

Por supuesto que irse con una foto al estilo Calidoscopio (Luhuk) o Invasor (Candy Stripes) hubiera alegrado mucho más el alma; pero es turf, se gana y se pierde; se disfruta y se sufre. Y, como en este caso, se comparte la pasión.

Todo el continente debe sentirse orgulloso de haber hecho lo que otros países o bloques no pudieron (léase Australia y Asia en general): estar; competir, darlo todo. Animarse a ir por la gloria aún a sabiendas de que en muchos casos era más una utopía testaruda que una ilusión certera. Hubo propietarios nuestos que se propusieron disfrutar el momento, vivir sensaciones inolvidables jugándose a perder dinero. De eso se trata la hípica, de ilusionarse e ir por el imposible. Por eso, hoy, después de la Breeders’ Cup puede decirse: ¿quién te quita lo bailado, Sudamérica...?

Por: Diego Mitagstein - Colaboración especial con Turf Diario

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